viernes, enero 30, 2009

El Socialismo Fetichista

Tenía muchas ganas de escribir sobre esto, pero lo hago a las doce y media de la noche, con un embotamiento bestial, pero con una claridad espasmosa de conciencia para escibir sin errores ortográficos seguidos.

Tengo que aclarar de antemano que no soy politólogo, ni he estudiado a Marx ni a Engels, ni me conozco la historia de la Revolución Bolchevique, ni nada de eso. Quien quiera creer que tengo razón, pues bienvenido. Si no, también.

Ahora, voy a hablar de lo que veo y pienso por mi mismo. Quien concluya lo mismo que yo, es que es un clon mio. No obligaré a nadie a citarme ni a analizar lo siguiente.

Al escuchar hablar de socialismo, siempre hay dos opiniones: el socialismo es una plaga que hay que erradicar del planeta porque es fabricante de pobreza, y el socialismo es la maravilla de la prosperidad y la riqueza colectiva. La principal referencia para tales afirmaciones, es la histórica. Eso ha generado el ya consabido debate de a donde nos quieren llevar los políticos en su afán de enriquecerse a costa del pueblo.

Sin embargo, como mi pensamiento se ha decantado por el lado izquierdoso, no puedo reprimir una conclusión escuchando tales discusiones: Los socialistas de hoy son fetichistas.

En Venezuela hay un gobierno que se hace llamar socialista. El discurso es el énfasis de lo social por sobre lo individual, lo colectivo por sobre el egoismo, la colaboración entre ciudadanos y la repartición equitativa de la riqueza. Todo muy lindo. Pero cuando lo hablan, parece que les resuman efluvios masturbatorios de la garganta. Solo les falta el espasmo orgásmico.

Y no, no voy a hablar sobre la mentira de los gobiernos socialistas de la primera mitad del siglo XX. Nadie me ha convencido hasta ahora que esos gobiernos eran el ejemplo del socialismo, porque se trataba de un vulgar capitalismo de Estado; era todo aquello contra lo que Marx y Engels pelearon en su momento histórico. O dicho en vulgo común y silvestre: Stalin jodió la vaina.

Ciertamente, como cuenta Marx, el comunismo sería la última etapa del capitalismo, ya en su proceso de decadencia, pero que existía un estado intermedio que el proletariado alcanzaría por medio de una revolución para acelerar el proceso. Eso es el Socialismo. Ya esa frase nos trae el primer fetiche sexual: El socialismo es violencia extrema. Tristemente, la historia muestra que el inicio de lo que se hacía llamar "socialismo", comenzó con procesos bélicos, teniendo como gran ejemplo la Revolución Bolchevique. Ahora, cada vez que alguien se muestre socialista, de inmdiato se activarán las gónadas cerebrales para tacharlo de violento y sádico. Vaya que se divierten los filosofos y economistas pro-capitalistas ante este hecho. Ejemplo de esto: Emeterio Gómez, economista venezolano y salido de las filas del Partido Comunista Venezolano para lanzarse al gran defensor del capitalismo, al punto de pensar en fundar una República Autónoma del Zulia para salvar al pueblo (y la extracción petrolera) del gobernante de ahora. El mismo se vanagloriaba con todo su onanismo de haber eliminado el estudio del pensamiento de Marx de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCV.

Pero los que se declaran socialistas no se quedan atrás, ya que también derraman sus líquidos viscosos a la Clase Burguesa de todos sus problemas. Y ciertamente, la burguesía como clase dominante usará todos sus medios para mantenerse como tal, pero al usarlos como muñeco de paja constante, hacen que olviden que también tienen su cuota de responsabilidad ante los problemas del país. Entonces vemos las declaraciones de los presidentes Hugo Chávez y Fidel Castro, todas contra la fuerza opresora extranjera y la clase dominante de los ricos internos, para frenar los avances en favor del pueblo necesitado. Aunque con Fidel Castro encuentro, si bien no un atenuante, una razón del pensamiento: Cuba está bloqueada. Venezuela aún no.

Luego pasamos al segundo fetiche: Individualismo vs. Colectivismo. Los capitalistas se aferran de los derechos del individuo como posesos sexuales a una muñeca inflable. Todo lo que les toque su sacrosanto derecho, les producirá piquiña y lo descalificarán de inmediato. Mientras que los llamados socialistas combatirán el egoismo de una clase consumidora y hambrienta para mezclar a todo el mundo en una orgía igualitaria de bienes y servicios negados a las clases menos favorecidas. Una vez más, los fluidos se derraman: Todo es para proteger a los más desposeidos. Los capitalistas afirmarán que todo el mundo tiene igualdad de oportunidades para lograr sus metas pero que deberán dar por si solos los pasos para lograrlos, mientras que los socialistas afirmarán que lo mejor es dar la mano en todo momento a los que nunca pudieron avanzar, a fin que cada quien logre sus metas sin competencias mal sanas. Noten en la ecuación quien está en medio: El pueblo. En su nombre, harán todos los manejos para que una parte del pensamiento ideológico pierda su poder y el otro lo gane, como un juego de tirar a la cuerda para ver quien cae primero en el lodazal. Mientras tanto, el pueblo espera las oportunidades que tanto hablan.

Pasamos a un tercer fetiche: El populismo. Todo siempre debe ser en nombre del pobrecito pueblo que lo han engañado hasta el hartazgo. Entonces pasemos a los capitalistas: Por proteger al pueblo, tratarán de convencer al mundo de que el socialismo es tenebroso y sanguinario, que se come a los niños y viola a las mamás, y que por eso, deberán obedecer ciegamente el pensamiento que inculca Don Dinero de acumular y consumir hasta chupar los recursos. Noten que ahora hablo de Carlos Andrés Pérez, quien en su primer gobierno, si bien hizo una buena jugada estratégica al nacionalizar el Hierro y el Petróleo en los años setenta, trocó la cosa en un absurdo pensamiento onanista de que ahora el Petróleo salvará a la nación de la pobreza, convenciendo a la gente de que quien vive ostentando el lujo de la platica, vivirá feliz y contento, lavando el cerebro de cientos de campesinos para que abandonaran sus campos. Y ahora pasemos a los socialistas, que en el nombre del pobrecito pueblo, hay que quitarle la plata a esos ricos ostentosos de lujosas mansiones y piscinas olímpicas para invertir en el desarrollo de la nación y sacar al mundo de la pobreza. Cabe destacar que aquí no importa quien haya ganado el suficiente dinero de manera honrada para vivir con calidad de vida (¿existen de esos?) porque, o está maltratando al pueblo al quitarle sus derechos y oportunidades, o está viviendo feliz y contento según el "American Way of Life", tan vendido y cacareado en el cine. El término pornográfico del "Bukkake" nunca tuvo tanta vigencia.

Y dentro de esta parte del populismo, quiero añadir la propaganda. Esto va especialmente para los socialistas. Estoy totalmente de acuerdo en que lo social debe privar sobre lo individual, aunque yo hago la salvedad que la gente tiene derecho a vivir su individualidad como desee sin coartar la libertad del otro. Es más una cuestión de conciencia que hay que inculcar con el ejemplo de la solidaridad. Pero, estimados propagandistas, eso no se logra encasquetando la palabra "social", "comunitario" e "integral" en cada cosa que se construya o se defina. Por ejemplo, los Médicos Integrales Comunitarios, creados como médicos paralelos de esos monstruos comedineros y matasanos que egresan de las Universidades Autónomas con el mote de "Médicos Cirujanos", las "Empresas de Producción Social", el cambio de la palabra "Consumidores" por "Prosumidores", la implementación del "Trueque Comunitario", los "Grupos de Intercambio Solidario" entre otras definiciones rebuscadas, solo deja el pensamiento utópico del socialismo planteado por Marx, en una especie de rebuzne sexual.

Ciertamente, el tema de la "Propiedad Privada de los Medios de Producción" es el fetiche mayor. Es el falo, el consolador, el vestidito de enfermera sexy que tanto erotiza a socialistas y capitalistas. El extremo de la balanza lo muestra: Mantener la Propiedad Privada del Medio de Producción sería ahondar de manera continua la brecha entre el Rico comerciante y el Pobre obrero en pro de una competitividad mercantil internacional y no se que más paja hecha a mano. Eliminarla totalmente significaría disminuir el nivel de especialización necesario para mantenerla, porque al ser dueños de todo el cotarro a partes iguales, se mantendrá la desigualdad de aquél que trabajó arduamente para lograr la superación tanto de si mismo como de su sociedad, y de aquél perezoso onanista que espera su buena tajada sin haber movido un solo vello corporal de su sobreprotegida humanidad.

Sin embargo, la verdadera cuestión del socialismo como punto intermedio hacia una sociedad igualitaria y no discriminatoria, donde todos seamos capaces de vivir en armonía, donde la competitividad no sea desleal y malsana, donde aquél que quiera superarse siempre tenga a la mano las oportunidades para lograrlo, se pierde en esa maniquea masurbación orgiástica que los filósofos, los políticos, y los economistas han terminado de implantar en el pensamiento del pueblo, haciéndole creer que las reformas, la culpa del Imperio, el amor hacia el cochino dinero y los transportes hacia el "Mar de la Felicidad" serán la cura de todos los males del país, cuando se necesita conciencia y amor al trabajo en pro no solo de nosotros mismos, sino de nuestros conciudadanos, a fin que podamos convertirnos en ese país que tanto soñamos que se convierta Venezuela.

Lo que hace falta es que se abandone esa idea fetichista que tienen con el Socialismo.