miércoles, agosto 27, 2008

Lo que nos dejó las olimpíadas de Beijing (o Pekín, usted elija), y por qué hay gente tan vendepatria

Durante quince días, todo el mundo fue partícipe de los Juegos Olímpicos realizados en Beijing hasta el 25 de Agosto. Venezuela envió a 109 atletas a participar en esta magna ceremonia, cosa que nunca antes se había logrado ya que el número máximo en el pasado apenas superaba la cuarentena, lo que me parece digno de celebrar por todo lo alto.

De estos atletas, solo una pudo acceder al podio olímpico. Se trata de Dalia Contreras, quien obtuvo la medalla de Bronce en el Tae-Kwon-Do. Dalia se convirtió en una digna representante nacional de este deporte, y creo que hablo por buena parte de la población al rendirle tributo desde esta humilde tribuna, y que en el futuro pueda seguir cosechando éxitos en su carrera deportiva.

Digo buena parte, por no decir todos, ya que "todos" me suena como a mucho. En un rato explico por qué.

Uno puede recoger por la prensa, o por ciertas opiniones de cualquier medio, que lejos de ser esta una gran victoria para el deporte nacional, estamos ante una gran perdida. Es verdad que se reconoce la medalla de Dalia, quien tuvo que enfrentarse con fuertes rivales de otras latitudes, pero el gobierno nacional, por lograr mandar a 109 almas a esta competencia, quien estuvo vanagloriandose con el slogan "Oro a la Revolución Deportiva", ha sembrado demasiadas expectativas para con los atletas. Que solo se haya alcanzado una medalla, da cierto sabor a derrota en el colectivo. Mi opinión personal es solo una más, de que lejos de ser una derrota total, es más bien un triunfo para con los 109, quienes muchos de ellos llegaron por primera vez en sus vidas a una Olimpíada, pero creo que eso a muy poca gente le va a importar, con tal de seguir señalando el fracaso que ha resultado el gobierno actual.




Pero no quiero hablar de fallos del gobierno. No es mi interés. De lo que quiero hablar es del fallo que significa el comportamiento racional en buena parte de los venezolanos, al ser tan vendepatrias que, por querer asimilar una falta de medallas con cierto humor, lo único que logran es que los mire como payasos pasados de moda, de chistes gastados y obscenos de los que se cuentan en una tagüarita de barrio.

Todo esto se origina por un chiste:

"Por fin, un venezolano consiguió una medalla en las olimpíadas. Se le cayó a un chino, y la encontró".

Esto no es gracioso. Es una burla para con los atletas venezolanos, el equipo que los entrenó y las familias que los apoyó. Ese tipo de cosas son producto de mentes enviciadas e insanas, que por querer protestar cuanta calaña sale del gobierno de Chávez, echan mano hasta de vejar a la delegación olímpica que dignamente nos ha representado. Es sucio y vil. Un acto de vendepatrias de la peor calaña.

Ya que el mundo le quiere echar mierda a Venezuela, ¿va a ser el propio venezolano el que les levante el tobo rebosado?

Desde aquí, un enorme aplauso a estos atletas que pusieron el nombre de Venezuela en alto en su representación. Victorias van, derrotas vienen. Eso es lo de menos. O como dice una famosa canción, "lo importante no es llegar segundo, sino saber llegar".